7 ene. 2011

To and get to thinking.

Pleno invierno.
Finales de diciembre.
El frío puede a muchos.
Me incluyo.
Es algo de lo que dependen muchas personas. El poder ser o sentirse reacio a todo. Evitar contacto con los demás por miedo a hacer o recibir daño. El preferir estar solo en el mundo con una guitarra y una idea de vida. Algo sencillo que en algunos momentos te puede llegar a hacer sentir feliz, y otras, incomprendido. Vivir esperando algo. No se sabe el que, pero es algo, que te llama y te persigue en sueños. A veces crees haberlo oído. Y cuando te susurra el recuerdo, retumba en tu cabeza. Tardas días en olvidarte de ese recuerdo dulce, lento y agonizante. Hasta que llega un momento, el momento. Sensación de haber encontrado ese "algo". La felicidad rebosa en todo tu ser, haciéndose notar. Echas a correr en busca de "tu algo". Hasta que la respiración es leve y costosa. Tu cuerpo ha descargado toda la adrenalina escondida por tanto tiempo, entonces, paras. Respiras con profundidad. Piensas. Y rompes a llorar. Lloras con fuerza. Lloras toda esa mierda. Todos esos problemas y momentos de soledad. Salen de tu cuerpo tal y como llegaron. Llorando. 
Entonces, ahí es cuando te das cuenta de todo el tiempo malgastado. Todo el tiempo de rompecabezas e inquietudes que vagaban por tu mente han desaparecido.